Hay momentos que me gustaría 
ser niña de nuevo y no crecer
no para vivir todo con ilusión y fantasía
sino para poder llorar sin esconderme.

Con la madurez está feo llorar
pero no puedo evitarlo, ni controlarlo.
No puedo seguir fingiendo dureza 
porque esta distancia me afecta tanto...

El destino te trajo a mis brazos
caistes del cielo sin esperarte.
Seguiré las huellas de tus pasos
para pronto abrazarte y no soltarme.

Tan perfecto que no pude imaginarte antes,
jamás lo creería si me lo contasen.
Luchar por ti no cuesta nada aunque duela
porque llegará el día que pueda disfrutarte sin esperas.

Espero abrazarte cuanto antes
y que todo esto merezca la pena...